Catherine Crowe

ūüéô Ezequiel Olasagasti

Repasamos el terror gótico de la escritora inglesa del siglo XIX Catherine Crowe

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Catherine Ann Crowe naci√≥ en 1803 en Borough Green, Kent, Inglaterra. Gran parte de su vida residi√≥ en la g√≥tica ciudad escocesa de Edinburgo. Defensora de los derechos educacionales de la mujer, fue una de las pocas escritoras de su √©poca en no usar seud√≥nimo masculino para poder publicar su obra. Escribi√≥ libros infantiles, obras de teatro, novelas y cuentos de terror, g√©nero en el que se convirti√≥ en uno de los iconos de su tiempo por su estilo g√≥tico. Sus trabajos m√°s destacados son The Italian’s Story, The Night Side of Nature y Ghost and Family Legends. Crowe muri√≥ en 1876 en Folkestone, Kent, Inglaterra.


La casa B… en Camden Hill

Publicado en la antología de 1848 The Night Side of Nature

La casa que habitaba el matrimonio B‚Ķ en Camden-Hill no ten√≠a nada de particular, salvo su gran n√ļmero de habitaciones, todas ellas igualmente confortables.

El se√Īor y la se√Īora B‚Ķ la hab√≠an alquilado por un precio razonable a un hombre de negocios de Temple, con la intenci√≥n de convertirla en una pensi√≥n, donde pudieran alojarse modestos funcionarios o empleados de la vecindad.

Al principio, gracias a sus económicas tarifas, el negocio prosperó, pero un buen día un joven empleado llamado Rose se marchó bruscamente alegando que su habitación estaba embrujada.

Los esposos B… jamás habían ocupado aquella habitación, una sala espaciosa que daba al jardín. De este modo, antes de volverla a alquilar, decidieron comprobar por sí mismos lo que ocurría en ella.

Desde la primera noche debieron reconocer que Rose no había mentido.

Entre la una y las dos de la madrugada, la se√Īora B‚Ķ fue despertada por un extra√Īo ruido, ‚Äúcomo el de un enorme gato haci√©ndose la manicura sobre el parquet‚ÄĚ.

Casi al mismo tiempo, su marido tambi√©n se despert√≥ y los dos escucharon en silencio c√≥mo el extra√Īo ruido aumentaba, y luego disminu√≠a en intensidad, como si su misterioso autor se acercara y alejara alternativamente de la cama.

Al fin, el se√Īor B‚Ķ no pudo m√°s y grit√≥:

-¬ŅQui√©n eres y qu√© haces aqu√≠?

El ruido cesó, pero un segundo después fueron arrastrados violentamente los cubrecamas y las sábanas.

La se√Īora B‚Ķ encendi√≥ el mechero y alumbr√≥ una vela que guardaba cerca de s√≠. En la habitaci√≥n no hab√≠a nada ins√≥lito, sin embargo no hubo manera de encontrar las s√°banas y los cubrecamas.

Se levantaron, cerraron la habitación con llave y se fueron a pasar el resto de la noche en su dormitorio.

A la ma√Īana siguiente, volvieron a la habitaci√≥n de Rose y encontraron las s√°banas y los cubrecamas hechos un ovillo encima de la cama; los cubrecama, de gruesa lana, estaban intactos, pero las s√°banas estaban completamente hechas jirones.

La se√Īora B‚Ķ se neg√≥ a repetir la experiencia, pero su esposo se obstin√≥ en ello y a la noche siguiente volvi√≥ a instalarse en la habitaci√≥n embrujada.

Esta vez mantuvo una linterna encendida en la cabecera de la cama.

Tard√≥ mucho en dormirse, pero cuando empezaba a vencerlo el sue√Īo, fue sobresaltado por el mismo ruido de la noche anterior.

El se√Īor B‚Ķ se incorpor√≥ y vio a la luz de la lamparilla a un viejecito de aspecto miserable, escasamente vestido, de pie en el centro de la habitaci√≥n. Llevaba un curioso casquete de piel de gato y contemplaba al durmiente con manifiesta desconfianza.

Pese a estar bastante asustado, el se√Īor B‚Ķ pregunt√≥ al misterioso intruso cu√°les eran sus intenciones. Por toda respuesta, √©ste empez√≥ a resoplar como un gato encolerizado e intent√≥ agarrar las s√°banas.

Entonces el se√Īor B‚Ķ se dio cuenta de que sus manos descarnadas eran extraordinariamente largas y que terminaban en desmesuradas u√Īas.

Por casualidad el se√Īor B‚Ķ hab√≠a puesto a su alcance una ca√Īa de junco, la tom√≥ y con ella intent√≥ pegarle al visitante nocturno.

No encontró resistencia alguna y el junco atravesó el cuerpo del viejecito como si fuera de humo.

Entonces el fantasma retrocedió, profiriendo gestos de amenaza; hundiéndose en la pared, despareció. La noche terminó tranquilamente.

Los esposos B… sacaron los muebles de la habitación y la cerraron. El fantasma no truncó la paz de ninguna de las otras habitaciones.

Pero aproximadamente dos a√Īos m√°s tarde el matrimonio B‚Ķ habl√≥ del extra√Īo suceso a uno de sus primos, un marino de Kingston, que hab√≠a venido a visitarles.

El marinero era un hombre robusto y de un s√≥lido sentido com√ļn; por cortes√≠a no quiso poner en duda las afirmaciones de sus primos, pero decidi√≥ pasar la noche en la habitaci√≥n embrujada.

Con este fin, la amueblaron con una peque√Īa cama de campo, una mesita de luz y una silla, y colocaron una l√°mpara encendida en la consola de la chimenea.

El marinero tardó muy poco en dormirse pues no creía en historias de fantasmas.

Había cerrado su habitación con llave e incluso había asegurado la puerta con un sólido cerrojo provisional.

Entre la una y las dos de la madrugada, fue despertado por una fuerte sacudida en su cama y vio al viejecito del casquete de piel de gato que le observaba encolerizado.

Cuando el marino se disponía a levantarse, el fantasma retrocedió, resoplando como un gato furioso, y desapareció. Luego se oyeron muchos golpes de gran violencia contra o dentro de los muros y un enorme trozo de yeso se desprendió del techo. Pero el espectro no volvió a aparecer.

Poco después los esposos B… se marcharon de Londres para establecerse en Kingston y no se supo más de la casa de Camden-Hill.

FIN