Diario de viaje (de un metalero argentino) en Bolivia [3/3]

Última entrega de la serie de crónicas metaleras desde Bolivia

Por Marcos Bentancourt

V – La Paz y el caos

Plaza Murillo y Palacio de Gobierno
Foto: Marcos Bentancourt.

Dos banderas, una whipala y otra boliviana, nos anuncian que por fin llegamos al corazón de la capital administrativa y a la vez sede de gobierno de Bolivia, La Paz. A unos 3600 metros sobre el nivel del mar la Plaza Murillo, que goza del nombre de uno de los más importantes precursores de la independencia del país, está rodeada por el imponente Palacio de Gobierno de color amarillo y una antigua catedral de tres cúpulas muy bella por su arquitectura. A tan sólo unas pocas cuadras descubrimos la empedrada calle Jaén, su apellido corresponde a otro personaje clave en el levantamiento armado de la ciudad llevado a cabo el 25 de mayo de 1809. En esta angosta vía llena de historia, cultura y arte todavía se conservan las casas donde vivieron Murillo y Jaén, como también se atesoran museos, restaurantes, tiendas y peñas folclóricas. El Museo de Instrumentos Musicales de Bolivia conserva un privilegiado abanico de artefactos exóticos, históricos, raros y extraños que corresponden a los pueblos originarios, la época de la colonia y la era moderna. En palabras de Jeriko, son todos “Restos del Pasado” que llaman a la reflexión:

Resucitan los muertos (Necesitan acción)
Retorcidos encuentros
Motivados por la ambición reinante hoy
Con el paso del tiempo
Tal vez pueda entender
¿Cómo es que hay tanto ciego?
Agitando otra vez, sin nada ver
Restos de un pasado que
Sepultar no podrán (La ambición puede más)
Nuestro el origen es
Tan real, miro atrás, sé que no cambiará.

Restos del pasado, En origen (2011), Jeriko

El castigo del viento y de la lluvia nos obligó a buscar refugio, por lo que decidimos tomar por primera vez en nuestras vidas el teleférico, peculiar sistema de transporte aéreo constituido por cabinas colgadas de una serie de cables que hacen avanzar las unidades a través de las estaciones. El mismo no está destinado sólo a los turistas, sino que es el transporte habitual de los paceños que lo toman como una forma de movilización más. Esto no fue así para nosotros que nos generó cierta rareza y vértigo subirnos a sus bien cuidadas cabinas. No obstante se nos recompensó con una vista espectacular a través de sus paredes vidriadas y llenas de gotas de agua, donde pudimos contemplar la gran urbe que sube y baja alzándose incluso en los cerros. Tuvimos una vista privilegiada del estadio nacional, aunque también de los barrios más carenciados que reflejaban la importante desigualdad que predomina en la ciudad.

Teleféricos de La Paz
Foto: Marcos Bentancourt

Al caminar por las calles de La Paz nos damos cuenta que el tránsito es uno de sus puntos más flojos porque es demasiado desorganizado y acelerado. Las sendas peatonales y los semáforos brillan por su ausencia  en las esquinas más peligrosas y a esto se le suma que los vehículos no suelen molestarse en respetar este tipo de señalizaciones o en darle prioridad al transeúnte. La comida que abunda es el pollo frito, empanadas salteñas y tucumanas, postres de gelatina y frutos bañados en chocolate. Asimismo es posible encontrar gastronomía típica del país como el plato paceño, compuesto de un pedazo de queso vacuno frito, una papa, un choclo y habas en cáscara; el Pique Macho que incluye trozos de carne vacuna con cebolla, huevo duro, morrones verdes, morrones rojos, espagueti y arroz; y el Fricase, que consiste en un lechón picante con cebolla, ajo, ají amarillo y papa. Siempre estamos preguntando si algo contiene picante porque es muy común su utilización. Es frecuente asimismo toparse con vidrieras que exhiben atractivas tortas enteras de todos los colores y bares con karaoke.

Los paceños en general son muy amables y respetuosos, pero también poseen un perfil bajo que denota cierta timidez. No son de hablar mucho y no suelen darles mucha importancia o atención a los turistas. Los mendigos y los vendedores ambulantes colman las calles más transitadas y de estos últimos llaman particularmente la atención dos: los lustrabotas y los que venden ropa interior femenina. Los lustrabotas visten unos pasamontañas negros que les brindan una apariencia hostil e intimidante para un extranjero. Si bien pueden parecer algún tipo de delincuente, se trata en su mayoría de estudiantes que ocultan su cara por la vergüenza que les genera estar realizando este tipo de trabajo. Algunos dicen que en realidad buscan esconder cicatrices de alguna pelea que tuvo su origen en algún pasado oscuro. Sea como fuere no molestan a la gente y tampoco tienen problema en otorgar indicaciones por la ciudad. Los vendedores de ropa interior femenina no se olvidan de que falta poco para año nuevo y por eso las prendas que ofrecen sólo están disponibles en dos modelos: uno rojo y otro amarillo. La creencia dice que si la mujer viste la colorada tendrá suerte en el amor para todo el año venidero. En cambio, si elige la amarilla obtendrá mucha fortuna económica los 365 días futuros.

Aquí nada pasa


Caos vehicular en las calles de La Paz
Foto: Marcos Bentancourt

Todavía nos falta recorrer dos localidades, Coroico y Copacabana, pero el último día que pasaremos en La Paz nos sorprenderá por cómo se vive una gran fiesta religiosa en la noche del 6 de enero. En la Plaza San Francisco, frente a la catedral, se esgrime un gran árbol de navidad brillante, figuras de los Tres Reyes Magos y, a su vez, muchos vendedores de niños Jesús en canastas. La gente adquiere estos últimos y luego los hace bendecir por personas con vestimenta de los pueblos originarios que, con una caldera humeante de incienso, bendice a las familias y les desea prosperidad para todo el año nuevo. Las entradas de la catedral reciben a las huestes interminables de cristianos que caminan a paso lento.

La alegría de todos contrasta con otra realidad que se vive a la vuelta, en la peatonal, donde se escuchan gritos a lo lejos. Los comerciantes y peatones no se percatan o hacen caso omiso de los ruidos. Algunos se voltean a ver qué sucede. Se vislumbra un hombre con su espalda tapada por una precaria lona amarilla que lo cubre de una lluvia que no cae. Su locura le hace gritar palabras ininteligibles, pero pronto se voltea y enseña con sus manos un táper de telgopor utilizado para guardar comidas que se está abierto y vacío. No muy lejos de este hombre, en un transitado puente, se encuentra un anciano que realiza pinturas con la sola ayuda de sus muñones. A su lado, las ancianas y los niños piden monedas de forma desesperada. Malón me canta sobre estos “Mendigos” que opacan la fiesta recién presenciada:  


Gesta de libertad
dotaciones de ancianos
improvisan un canto
son los viejos tirados.
 
Candidatos a recoger
Las migajas que quedan de ayer
revoltosos por necesidad
prisioneros del reino estatal.
 
Rol de mendigador
resignado al suicidio
la consigna oficial
que acompaña sus marchas.
 
Candidatos a recoger
Las migajas que quedan de ayer
revoltosos por necesidad
prisioneros del reino estatal
reino estatal.
 
De su mal pasar me quedó un suspiro
raza laboral, convertida en mendigos
disciplina formal, brigadas al acecho
conteniendo el valor de un puñado de viejos.

Mendigos, Espíritu combativo (1995), Malón

VI – Pedaleando con la muerte

Un tranquilo arroyo hace su curso entre dos cerros llenos de vegetación. Más arriba, las nubes cubren la punta de las laderas pintando un paisaje cargado de solemnidad y armonía. Pegada a una colina se pronuncia un camino asfaltado que sigue la figura de aquella y se pierde misteriosamente en la neblina. Súbitamente un par de ruedas de bicicleta aparecen y desaparecen velozmente por una de las curvas. Esta avanza esquivando los baches, los autos, las combis y los grandes camiones, pero no está sola porque atrás la siguen otros siete ciclistas con cascos de moto y rompevientos color azul y rojo. Todos partieron desde La Cumbre a unos 4700 metros sobre el nivel del mar y descienden aceleradamente con una vista increíble a su derecha y con el tránsito de contramano a su izquierda.

Camino de la muerte
Foto: Marcos Bentancourt

Toman un desvío por uno camino lleno de piedras que les advierte, como burlándose, que esto sólo fue un calentamiento, una ruta común en Bolivia. Ahora las ruedas comienzan a patinar y a perder el equilibrio, mientras que los que las manejan abren bien grandes los ojos ante el precipicio que los acecha desde uno de los flancos. Así se anuncia el Camino de la Muerte, el cual une La Paz con la región de Los Yungas y posee una extensión de 80 km que desciende hasta los 1200 metros sobre el nivel del mar en el pueblo de Yolosa antes de llegar a Coroico. No se le puso su nombre por casualidad, ya que mueren 350 personas al año, incluyendo ciclistas y vehículos motorizados, por lo que se calcula que han fallecido más de 3000 personas en total en toda su historia. Si bien esta ruta ya no es tan transitada en la actualidad debido a la creación de otra arteria que une las localidades mencionadas de forma más segura desde el 2006, todavía sigue siendo utilizada para los deportes extremos y el turismo. Nepal nos dice que ya estamos “Más Allá del Asfalto”:


Más allá del calor
y el largo camino
que sembraré de pasión
Con motor, corona y cadena
el cemento queda atrás
quemando el complejo urbano
cabalgando en el sudor y yuta caminera
Más allá…
 
Más atrás pega el sol sobre
la tibia mañana
que despunta un sentimiento
limando el asfalto vivo
la emoción visceral
correr por mis venas libre
como un fierro en las orillas
de un río que atravesaré.
 
Acostumbrado al fogón
eterna compañía
y al fermento embriagador
sobre la miseria urbana
que no turbará este sueño
Yo me quedaré, más allá

Más allá del asfalto, Manifiesto (1997), Nepal

A medida que avanzamos por el angosto camino nos encontramos con sectores del terreno hechos de tierra y otros son de piedra, pero ambos no modifican demasiado la inevitable alta velocidad que adquieren nuestros rodados, cuestión que nos obliga a aplicar constantemente los frenos. Sin embargo, no podemos presionarlos con mucha fuerza, error en el que caí más de una vez, debido a que al hacer esto el vehículo a sangre comienza a desestabilizarse repentinamente y se pierde fácilmente el control como si se estuviera en una pista de hielo. Cada curva y contracurva que nos desafía se convierte en una inyección de adrenalina que pone a prueba nuestro dominio de la bici, pero también sobre nuestras propias mentes.

Camino de la muerte
Foto: Marcos Bentancourt

Luego de completar una importante parte del trayecto empezamos a sentir confianza y seguridad en nosotros mismos. No obstante, unas señalizaciones cada tanto nos recuerdan que seguimos pedaleando cerca de un vacío de 400 metros de altura y no se tratan de carteles con indicaciones, sino cruces apostadas en las esquinas que evocan a las personas que no la contaron. No obstante, uno de los recordatorios más emblemáticos no es una cruz, sino un cartel que dice “Israel” y anuncia uno de los tramos más peligrosos del Camino de la Muerte. La esquina Israel posee una placa conmemorativa que pusieron los amigos de un ciclista israelí que falleció al no hacer caso a las advertencias de sus guías al pasar por este temerario trecho. El mismo se diferencia por ser la parte más estrecha de toda la ruta con constantes cascadas que al caer empapan la tierra y a todo aquel que la atraviese.

Camino de la muerte
Foto: Marcos Bentancourt

Más de una vez calculé mal los tiempos al frenar y doblar en las curvas, lo que hizo que pasara cerca de los barrancos y también fallé en observar bien el camino cuando iba recto, de manera que mis ruedas pasaron varias veces a pocos centímetros de pozos pegados a la cornisa. Mi bicicleta muchas veces dio contra rocas del tamaño de una pelota de rugby, cuestión que no le generó demasiada inestabilidad, aunque andando cerca del final el sistema de cadenas estalló y tuvieron que darme una bici nueva. Sin dudas, el Camino de la Muerte es una ruta turística que mezcla la belleza del paisaje con la energía del peligro que aguarda y que requiere prestar mucho cuidado y atención para no formar parte de una de las tantas señalizaciones que rememoran y evidencian el porqué de su nombre.

Coroico celebra el año nuevo

Altura subtropical en Los Yungas
Foto: Marcos Bentancourt

El taxi que compartimos se aleja rápidamente dejándonos en la plaza principal de Coroico. Al frente vemos una moderna catedral amarilla y a nuestro costado una estatua, se trata de Manuel Victorio García Lanza, partícipe necesario de la revuelta del 16 de julio en La Paz que originó el proceso de liberación de Bolivia. Esta misma plaza se convertirá pronto en una festividad al recibir el 2019 con toda la felicidad de su pueblo. El humo de los fuegos artificiales y la música a todo volumen pueden percibirse fácilmente desde lo lejos. Adolescentes, jóvenes, niños, padres y familias enteras se congregan para tomar y bailar mientras vuelan las cañitas voladoras y suenan las explosiones. Los más chicos lucen sombreros y zapatillas con luces multicolores, mientras que los adultos visten corbatas brillantes o vinchas con los números del año venidero en dorado.  Un conjunto de afrobolivianos aparece de la nada para cargar el aire de fiesta con su saya, baile que nació de la expresión de los esclavos negros, que fueron traídos de África, junto con la de los indígenas. Las mulatas bailan haciendo flamear sus vestidos blancos, los hombres las siguen tocando los bombos al ritmo de los movimientos y el resto de la gente acompaña e imita la alegría que transmiten los afrodescendientes. Esta noche es eterna para los bolivianos y para todo aquel que quiera sumarse al inicio de un año lleno de esperanzas y desafíos. “Hoy” suena Tren Loco en mi cabeza:


Atrás la huella quedó y sigo mi andar,
Poco a poco sanaré
Hoy la historia puede cambiar
Hoy es mejor que ayer
¡Hey! Siempre habrá un tiempo y un lugar donde empezar
¡Hey! No desperdiciaré el hoy nunca más
Soy una distorsión fugaz, el tiempo pasa velozmente
Hoy lo haré a mi modo, ¿y qué? Yo tomaré mi camino.
Es difícil vivir si no puedo estar con vos, mi pequeña flor
Hoy quiero compartir el vino y brindar con todos ustedes

Hoy, Ruta 197 (2002), Tren Loco

VII – Las dos caras de Copacabana

Un colectivo de larga distancia nos hace subir en altura hacia la ciudad de Copacabana, ubicada a unos 3800 metros sobre el nivel del mar. Desde su puerto, bajo un sol radiante, contemplamos el hermoso azul del Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, aunque esta vista no puede compararse con la que tendremos al rato. Copacabana se encuentra entre dos colinas, cada una con diferente significado. Una está ligada al cristianismo y la otra a los pueblos originarios, más precisamente los incas. Tal vez esta definición sea incluso una buena metáfora de las creencias y la cultura de Bolivia porque ambas ideologías conviven entre sí más o menos mezcladas.

La primera loma que subimos se llama El Calvario debido al arduo ascenso que invitan sus gradas de piedra con catorce estaciones que simbolizan el Vía Crucis, es decir, el camino que tuvo que recorrer Jesús con la enorme cruz a su espalda según la Biblia. En la cima nos esperan una serie de enormes cruces grises con personas rezando oraciones y también algo que no habíamos visto hasta el momento. Se trata de varias tiendas que venden coches de juguetes y casitas de plástico en miniatura. Le encontraremos el sentido a estas más adelante, cuando llegamos a la cima, donde tenemos la oportunidad de mirar la ciudad entera; el puerto con todo tipo de embarcaciones; y la belleza del lago Titicaca rodeado de verdes cerros y lejanas islas.

Copacabana y Lago Titicaca
Foto: Marcos Bentancourt

Unos peldaños más abajo un grupo de personas observa atentamente a un hombre con ropaje de los pueblos originarios que vierte algo de cerveza sobre una manta que yace en el suelo. La manta está repleta de cotillón, billetes falsos de cien dólares, coches de juguetes y casitas de plástico. “Ustedes serán grandes empresarios”, lanza el hombre y acto seguido les asegura la abundancia en la vida real de todos los objetos reunidos. Nos volvemos para descender y me topo con un objeto a la venta que sintetiza más o menos todo este ritual. Se trata de un pequeño cofre rojo de bordes dorados que enseña en su interior diminutos billetes falsos, autos, casas, celulares y, en el centro, una pequeña virgen. Todo esto me provoca un profundo rechazo. Me parece un cristianismo que se regocija al tomarse de la mano con el capitalismo, algo aceptado de forma alegre e irreflexiva por parte de la muchedumbre.

La otra colina, que posee un ascenso casi tan complicado como la anterior, casi no posee gente en su cima. Se llama la Horca del Inca debido a los dos bloques de piedra paralelos con una piedra en forma de tabla que hace de techo y brinda la apariencia de una horca. Sin embargo, esta denominación la proveyeron erróneamente los españoles. En realidad, el sitio arqueológico se llama Pachataka, que en aimara quiere decir “lugar donde se mide el tiempo”, y fue un observatorio astronómico preincaico del año 1764 A.C. que contaba con aquella formación rocosa para determinar las estaciones, los movimientos lunares y predecir eclipses. Pensar que fueron considerados bárbaros sin posibilidad de raciocinio por aquellos “Criminales de Raíces”, como diría A.N.I.M.A.L.:


Criminales de raíces
devastaron la cultura.
Acosados nuestros indios
murieron al luchar.
Criminales de raíces.
Nos arrasaron
de nuestras tierras
esclavizando nuestras ideas.
Historiadores profanos
y su leyenda
no hay historia creíble
nada es verdad
Juzgados
Sentenciados sin ley

Criminales de raíces, Acosados nuestros indio murieron al luchar (1993), A.N.I.M.A.L.

La Isla de la Luna y las Vírgenes del Sol

Las gotas de lluvia crean pequeños charcos sobre la tranquila orilla del puerto y las negras aves, parecidas a patos, nadan haciendo caso omiso. No así las personas que se apresuran a subir a la embarcación que en poco tiempo deja atrás el pueblo de Copacabana. El barco navega esquivando los solitarios islotes hasta que sentimos las gaviotas pasar por arriba del mismo, las cuales anuncian que arribamos a la Isla de la Luna. Este terreno de pequeña superficie cuenta con las ruinas de un templo llamado Iñakuyu por los Incas. Se trataba de una construcción donde habitaban las denominadas Vírgenes del Sol, mujeres seleccionadas por su belleza que se dedicaban a aprender varios oficios como el tejido y que un día podían convertirse en las esposas secundarias del emperador Inca o sino en ser empleadas para el sacrificio. El monarca era el único habilitado para ingresar a la isla y gracias a esta historia también se denomina al lugar el Palacio de las Vírgenes de Sol.

Isla de la Luna
Foto: Marcos Bentancourt

Las entradas del palacio poseen una estructura escalonada que posee el mismo significado que la conocida cruz andina o Chakana en quechua. La cruz, de más de 4000 años de antigüedad, representa tres cosas al mismo tiempo. Por un lado, las cuatro extremidades simbolizan las cuatro estaciones del año. Además, cada punta de sus escalones significa un mes, de manera que también integra los doce meses. Por otra parte, la punta superior, que señala el cielo, constituye la eternidad representada por un cóndor; el centro de la cruz es el aquí y ahora encarnado en un puma; y la punta inferior, que se dirige hacia debajo de la tierra, está materializada por una serpiente. Dentro de las habitaciones existen cubículos cuadrados del tamaño de una ventana destinados a realizar ofrendas a estos dioses.  

Los orígenes del Imperio Inca

Al rato cruzamos el lago más alto del mundo para llegar al sur de la famosa Isla del Sol, la más grande de la zona con una superficie de 14,3 km². Su nombre original es Isla Titikaka y por esto el lago donde se encuentra lleva su nombre, el cual significa “puma de piedra”. Se cree que desde esta isla salieron Manco Cápac y Mama Ocllo a fundar la ciudad del Cuzco y, por ende, los orígenes del Imperio Inca. Esto otorga a la isla un valor arqueológico e histórico privilegiado.

Sin embargo, el tesoro de esta isla también se convirtió, de alguna manera, en su maldición. Hace más de dos años existe un conflicto armado entre los lugareños del norte y los del centro. En este antagonismo, en el que el sur se mantiene neutral, hay territorios en juego ligados a la industria del turismo. Según nos cuenta el guía, en el norte existen importantes yacimientos arqueológicos, como por ejemplo la Ciudad Sumergida, lo que generó importantes ingresos monetarios para esta zona. La zona central no gozó de estos beneficios por lo que, luego de largas disputas, comenzó a cortar vías importantes y también a destruir instalaciones preparadas para el turismo. El conflicto todavía está irresuelto y, por ende, sólo se puede acceder a la zona sur de la isla.

Isla del Sol
Foto: Marcos Bentancourt

En nuestra primera parada encontramos una casa hecha de piedras utilizada solamente en aquella época por los viajeros que recién llegaban a la isla y necesitaban pernoctar para poder continuar con su travesía en la mañana siguiente. Desde el puerto es posible ascender por unas escaleras de rocas muy empinadas, conocidas como Escalinatas de Yumani, las cuales terminan en una fuente realizada con piedra canteada que posee tres chorros de agua. En la actualidad se denomina a la fuente como la “Fuente de las tres aguas” porque se afirma que cada uno de sus chorros tiene un sabor diferente. También se la conoce como “Fuente de la eterna juventud” o “Fuente de la vida”. Cada uno de estos chorros de agua, de los cuales uno fue entubado para proveer a la isla entera, tienen un significado relacionado con los principios éticos rectores en la cultura andina: “Ama Sua”, no seas ladrón; “Ama Llulla”, no seas mentiroso; y “Ama Khella”, no seas vago.

Nuestro ascenso no termina ahí, ya que continuamos por otras escalinatas de piedras para llegar al mirador Pallakasa, donde dicen que se obtiene una vista impresionante. Nuestro esfuerzo se ve interrumpido de repente por una caravana de burros, mulas y llamas que nos obligaron a hacernos a un costado. Eran arriados por los lugareños, los cuales suelen utilizarlos como animales de carga, ya que en la isla no es posible el uso de ningún tipo de vehículo debido a irregularidad del terreno. Finalmente, alcanzamos la cima desde donde podemos ver toda la verde y rocosa isla, como también al sol ocultándose mientras le regala un brillo especial al inmenso lago Titicaca. Desde un lado tenemos la frontera con el Perú y del otro la Cordillera de los Andes que luce blanca y resplandeciente. Mi viaje llega a su final, pero no las experiencias y los recuerdos, tanto lindos como tristes, que me llevo de estas tierras. La voz de Jeriko suena en mi con su “Último Amanecer”:


Frío amanecer, sus pasos escuché.
Prisionero desperté, y luego comprendí…
No sentir las voces de almas
Tan cercanas a mi piel.
Anestesias van y vienen por mi ser…
 
Sudestadas envolviéndome.
Me envuelven hoy
Esperando estaré.
No hay olvido, nunca habrá perdón.
 
Sé que al despegar no volveré.
No despertaré.
Final de mi camino.
Desde el horizonte los veré, los recordaré.
Desde mi oscuro río… los acompañaré.

Último amanecer, Tensiones (1999), Jeriko

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.