Diario de viaje (de un metalero argentino) en Bolivia [1/3]

Conocé Bolivia desde la óptica de un metalero

Por Marcos Bentancourt

I – Bienvenido al Estado Plurinacional de Bolivia

Suenan los platillos y las guitarras distorsionadas. Al rato Carlos Cabral me canta “Venas de Acero” de Tren Loco:

Mis venas de acero
y mi sentir metalero
me guiarán adonde ir
arrancar de nuevo…
Conmigo te espero
para cruzar mil senderos
como las vías de un país
Venas de acero

Venas de Acero, Venas de Acero (2008), Tren Loco

Desde la ventana del avión avistamos con mi amigo las casas que emergen del verde campo y que todavía presentan la estética colonial compuesta por paredes blancas con techo de tejas coloradas. Sólo nos distrae un colorido cartel de bienvenida, se trata de un brillante arcoíris que se aprecia desde la ventana del avión. En seguida comenzaremos a sentir el calor húmedo que caracteriza a la ciudad tropical de Santa Cruz de la Sierra en esta época. Sólo tenemos 4 horas y media para conocer la urbe, ya que estamos aquí de paso. Nuestro vuelo hace escala aquí antes de marchar hacia Sucre, nuestro destino final, donde continuaremos nuestro viaje por tierra.

Vista aérea de Santa Cruz de la Sierra. Foto: Marcos Bentancourt

Lo único que nos alivia de los 30 grados centígrados que nos pega de frente al salir del aeropuerto es una lluvia que cae en diagonal por culpa de las fuertes ráfagas de viento. Nos refugiamos en una pequeña combi que sale en dirección al centro de la ciudad y nos hace recorrer el césped, las plantas y palmeras que relajan un poco nuestra ansiedad. Sin embargo, de a poco el paisaje comienza a modificarse. El tumulto de autos al frente obliga a nuestro vehículo a abandonar el asfalto y tomar la banquina de tierra. Ahora predomina el gris apagado de la ciudad con sus comercios, carteles y fábricas. La lluvia cesa antes de que nos bajemos y la gente amablemente nos orienta hacia la plaza central “24 de septiembre”, fecha del levantamiento de independencia de Santa Cruz. Lo primero que nos llama la atención son las cholitas, mujeres aimaras de tez oscura que se caracterizan por su estética particular. Están cubiertas por un vestido que posee una gran pollera que llega hasta los tobillos, sombrero bombín, un pelo recogido en dos largas trenzas que caen por la espalda y una colorida manta que se utiliza como bolso, tanto para llevar al bebé o la mercadería. Si bien actualmente el término cholita es un apelativo cariñoso que deriva de “cholo”, persona que posee mestizaje entre un europeo y alguien perteneciente a los pueblos originarios, originalmente aquella palabra era despectiva porque se utilizaba para referirse a las mujeres de las comunidades originarias que se mudaron a la ciudad y adoptaron el estilo de vida de los mestizos urbanos. Para poder ingresar a ciertos círculos sociales esas mujeres debían adoptar una vestimenta similar a los extravagantes sombreros y vestidos femeninos europeos que predominaban en la época de la colonia.

Basílica de San Lorenzo
Foto: Marcos Bentancourt

Es 21 de diciembre, pero la navidad aquí no se hace esperar. En el centro de la plaza central emerge una estatua decorada de estrellas doradas y plateadas. Se trata de Ignacio Warnes, histórico gobernador de la ciudad que brindó asistencia en la Guerra de Independencia de Argentina y luchó contra las invasiones inglesas. Su mirada apunta a la imponente Basílica de San Lorenzo y, entre ambos, se encuentra un Papa Noel sentado en un banco recibiendo a los niños alegres, pero ansiosos de regalos. Alrededor de la gran Basílica hay otros niños, sólo que estos están sucios y con la ropa rota. Verlos jugar con sus madres en el suelo, mientras éstas piden monedas desesperadas, me llena de pena e impotencia y me hace acordar a la canción “Muerto en la Calle” de Horcas:

El espectro de la noche
se acerca
y hay un chico
que sufre su desgracia
no ve futuro ni ambición
en su existencia
y en su rostro no existe la sonrisa
La sociedad
que le da la espalda
mientras el resentimiento
lo invade
Víctima del yugo
y la explotación
no esperen de el
que sea mañana mejor.
El verdadero chico callejero
condenado
por grandes ignorantes
No ve futuro ni ambición
en su existencia
y en su rostro no existe la sonrisa.
El privilegio no existe para el
muerto en la calle,
muerto en la calle.

Muerto en la calle, Oid mortales el grito sangrando (1994), Horcas
Antiguo Cabildo, actual Brigada Parlamentaria, de Santa Cruz de la Sierra
Foto: Marcos Bentancourt

No nos podemos quedar mucho tiempo más así que emprendemos la vuelta después de pasar por los blancos y antiguos edificios del cabildo colonial y la casa de gobierno. Bajo la maraña de cables que conectan los antiguos edificios empezamos a buscar las paradas de colectivos, pero pronto descubrimos que el transporte público se maneja sobre todo con combis viejas y apretadas iguales a la que nos trajo. También nos damos cuenta que no existen señalizaciones de las paradas, sino que se encuentran preguntando, aunque a veces los vehículos frenan ni bien uno alza el brazo. Le pagamos al conductor dos pesos bolivianos antes de bajarnos en la terminal, donde abordaremos un colectivo que nos dejará en la aeronave, pero no sin antes recibir el agua de la lluvia que nos despide de la misma manera que nos recibió apenas llegamos.

II – Sucre, la ciudad de La Plata 

Ciudad de Sucre
Foto: Marcos Bentancourt

Abandonamos el avión para tomar otra combi en medio de una noche azotada por la intensa lluvia. El transporte nos deja en una de las avenidas principales de la ciudad de Sucre, la cual fue declarada como patrimonio histórico de la humanidad en 1991 por la UNESCO por su historia y arquitectura singular. La calle, amarilla por los pocos faroles que la iluminan, está vacía a excepción de los pocos comerciantes que todavía mantienen sus puertas abiertas. Agotados por el viaje nos metemos en el primer local de comidas barato que encontramos, donde por 13 pesos bolivianos (casi 2 dólares) nos sirven un pollo al espiedo con arroz y spaghetti, todo en el mismo plato. Le pregunto al mesero por la contraseña del wifi, el cual sonríe con gesto afirmativo, toma mi celular y emprende una carrera por las escaleras hacia la planta alta del local. Yo quedo atónito y, antes de que pueda decir algo, vuelve con mi celular conectado.

Faltan cuatro días para navidad, pero en la televisión pareciera que faltaran 4 minutos. En un bizarro programa entrevistan a diferentes personas que cuentan cómo viven el fenómeno que se da una vez al año. Una adolescente, con una intensa cara de preocupación por la grave enfermedad que sufre su padre, expresa que está muy ansiosa por la llegada del 25 de diciembre, ya que para ella esta fecha significa felicidad y solidaridad. La cámara ahora enfoca a una mujer que le faltan varios dientes y posee una enredadera de pelos. Se trata de una madre en situación de calle con cuatro hijos que se entretienen jugando a su alrededor. En esa situación de miseria ella explica cómo se siente aliviada por los milagros que supuestamente traerán el día del nacimiento de Jesús. Con este episodio nos damos cuenta prontamente de la fuerte presencia que goza el cristianismo en Bolivia, una religión que convive, más o menos mezclada, con la cultura de los pueblos originarios. Serpentor me hace pensar, a su vez, en aquellas “Escorias de la Religión” que:  

Hacen creer
engañando al que duerme en su fe
Alegando
que salvan tu alma en su prisión
No hay raciocinio en el hombre
caridad, diezmo, mentira
una verdad
nos quieren vender como el reino de dios
Siglos de infundio
Más gente
desconocen un falso ritual
son escorias de la religión
más gente
adoran a un falso ritual
son escorias de la religión
Sed de sangre
babean sedientos de tu alma y poder
Negociando
con el gran imperio que reina en lo oculto
Larvas sin rostro y sin nombre
te escurren hacia un abismo
profanando
mendigos de un mundo de exilio y muerte

Escorias de la religión, Final Sangriento (2004), Serpentor


Nos tomamos un taxi y caemos en un hostel donde nos recibe una persona medio dormida y amable que nos cuenta que estamos a unos 2810 metros sobre el nivel del mar. Después de que nos brinde detallada información sobre el alojamiento y la ciudad elegimos relajarnos en un bar cercano donde toca una banda de ska y aprovechamos para probar una cerveza local, marca Huari. Sin embargo, en la mitad del show una persona se acerca a nuestra mesa y nos deja unos papelitos. Nos dice algo que no llegamos escuchar y continúa haciendo lo mismo por todas las mesas. Al rato vuelve y nos explica que hay que pagar un “cover”, es decir, un monto destinado al trabajo de la banda, el cual valía 25 bolivianos. Sin ganas de gastar más, abandonamos el lugar para irnos a dormir por primera vez en el país andino. 

Calles de Sucre
Foto: Marcos Bentancourt

La mañana siguiente nos encuentra caminando, con mate en mano, por las calles empedradas de Sucre, antes llamada La Plata por los españoles, las cuales poseen veredas muy estrechas y mal cuidadas. La superficie no es plana, sino que sube y baja, aunque sin demasiada pronunciación como pronto descubriremos en los siguientes pueblos.

Restos de Juana Azurduy
Foto: Marcos Bentancourt

Llegamos a la plaza 25 de Mayo donde se encuentra un edificio similar a nuestro cabildo, la Casa de La Libertad. Aquí se firmó el Acta de la Independencia del Alto Perú en 1825 y por esto la ciudad funciona como la capital histórica y constitucional de Bolivia. En este museo, el más importante del país, se encuentra un cuadro de Simón Bolívar en el salón principal, lugar donde nos explican los detalles de la revolución liderada por Juana Azurduy y su esposo, Manuel Padilla, como también la relación de ambos con Martín Miguel de Güemes, conocido por su liderazgo en la importante Guerra Gaucha. Siento que son los “Antihéroes” de Tren Loco:

Yo sostengo a los héroes malditos
Ilustres enemigos de la escoria
Son malditos por pensar distinto
A los héroes de la burguesía
La osadía de su pensamiento
Fue tapada por la oligarquía
¡Antihéroes! ¡Antihéroes!
De mi tierra son ¡Los Héroes!
Diarios mentirosos de una dinastía
Clase dominante envilecida
Ocultaron a estos idealistas
Por cuestionar el orden esclavista
Contra el hambre y la usurpación
Fueron hombres con sentido común
Murieron en la peor miseria
Asesinados y desterrados

Antihéroes, Sangresur (2006), Tren Loco

Seguimos paseando por las casas blancas de tejas rojas y los edificios históricos más relevantes hasta arribar al mercado central, el cual vendía de todo lo que a uno se le pueda ocurrir. Pero ahora queremos mirar la ciudad desde arriba, así que marchamos en ascenso hacia el cerro. Nuestro cuerpo comienza a sentir el esfuerzo y la falta de aire debido a la inclinación de las calles, que se pronuncia más en esta localidad de altura. A medida que subimos las veredas se van haciendo más angostas hasta que terminan desapareciendo, lo que nos obliga a prestar atención a los autos que descienden y nos esquivan en velocidad.

Foto: Marcos Bentancourt

Alcanzamos una plaza rodeada de una iglesia, un museo y otras edificaciones, pero no nos detenemos mucho tiempo y proseguimos sin encontrar señalización alguna. Terminamos trepando por unos peldaños de piedra ubicados en una bifurcación oculta y, por fin, avistamos la naturaleza. Unas extensas escalinatas de piedras claras nos llevan hasta una estatua gigante de un cristo y, sin prestarle mucha atención, nos disponemos a hacer otro mate y a disfrutar de la hermosa vista de la ciudad entera que nos recompensa el sudor dejado atrás.

Descendiendo nos encontramos con otra situación bizarra que provoca nuestra risa. Cruzamos a unas personas disfrazadas de cebras con sombreros navideños que caminan bailando y cantándole a la gente. Nuestro día finaliza abajo, en un local que pasamos antes de emprender el ascenso y allí nos damos nuestro autopremio por el agotador día: un churro para cada uno, bien rellenos de chocolate y dulce de leche.

 

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